El aprendizaje.

Parece que recurro aquí cada vez que la vida se empeña en fijar diana en el centro de mi corazón, Pero a veces creo que es la única manera que tengo de echar la vista atrás y no perderme.
Las rupturas siempre marcan un antes y por supuesto un después, aunque en algunos casos el después sea volver. Siempre marca.
Y necesito marcarme, llevarme en la piel un trozo de este incómodo momento. Todavía no sé si lo mejor es un corte de pelo y un cambio de color, si un cambio en la manera de vestirme y arreglarme. Si tatuarme algo tan fuerte como lo que quiero llegar a ser y que sea mi relación ¿pero que podría ser eso? 
A veces me gusta imaginar que a mi manera soy una pequeña obra de arte y quiero tatuarme "La gran ola" de Kanagawa. 
Pero la mayoría de veces quiero quedarme como soy, con el pelo largo descuidado, con una raya del ojo y los labios rojos como único maquillaje y mis leggins de búhos favoritos. 
Pero en la piel, en la piel quiero llevarlo todo, incluso a él, aunque ahora la distancia duela como mil muertes en el Dark Souls.
Mi piel es la que siente y aprende, la que echa de menos y exige. Yo soy la que se empodera del amor y odia a ratos. Yo soy yo y aprendo, y aunque yo no sea la que deba "curarse" quizás este momento tenía que llegar para enseñarme a esperar y a resperar. Solo digo quizás, porque claro estoy confusa, algo esperanzada y tengo el corazón muy pequeñito con una brújula que da vueltas y vueltas sin parar pero a la cual si le preguntas "¿que quieres?" Se para y apunta directamente a él.
 

Día 1.


Hoy me he mirado al espejo y no me he reconocido, no sé quien es la chica que me devolvía la mirada. Nunca he visto tantísima tristeza en mi cara. No sé quien me miraba, pero quiero pensar que no era yo.
Quien bien me conoce sabe que cuando me despierto necesito levantarme y desayunar, hoy me he obligado a salir de la cama a la una (iba a escribir "a las una" pero él me enseñó que estaba mal) y todavía a las dos y treinta y seis no he bebido ni agua.
Mucha gente habla del dolor como si fuera algo metafórico pero no es cierto, el dolor que yo siento es tan real como mi vida, siento que algo terrorífico se ha instalado en mi pecho y me devora por dentro. Las lágrimas salen solas cuando quieren y sin preguntar, el amor no desaparece, no quiere irse, se ha quedado instalado en alguna parte de mi cuerpo o me ha invadido completamente, todavía no lo sé.
Quiero avanzar y a veces creo que sé que camino he de seguir, pero no logro funcionar, creo que me he roto y no sé cuanto tiempo voy a tardar en arrancar.
La gente no deja de repetir que todas las cosas pasan por alguna razón, ¿pero que razón tan maravillosa merece tantísimo dolor y pena?
Estoy llena de preguntas y dudas, de temores ¿y si mi olvida, y si llega otra que le de todo lo que necesita para sentirse bien consigo mismo?¿Y si ya no soy yo nunca más?
Quiero pensar que he dado lo mejor de mi pero tampoco es gratificante cuando no he conseguido ayudarle.

Estoy rota y no sé como seguir, no se como dejar a mis miedos y demonios fuera de lugar, todavía no sé.

Las noches son más difíciles.


Ayer fui a subir las escaleras para ir a acostarme y tuve cuidado de no pisarte, porque tenías la manía de ponerte siempre al pie de las escaleras o en medio de la entrada de una puerta y eras tan tú que no te movías aunque te empujaran -aunque hicieran el amago de pisarte-
Ayer lloré y te eché de menos, porque esperaba que hicieras lo de siempre cuando me veías llorar, sentarte a mi lado.
No voy a negar que me quejé muchas veces cuando era una "obligación" sacarte o bañarte o cualquier otra cosa que no me apeteciera en ese preciso momento, pero aun así nada de eso quita que te necesite de vuelta, nada.
No sé que día te fuiste, quizás si rebusco en alguna red social pueda encontrar alguna señal de que día empecé a estar así de triste. Lo único que sé es que hace meses y que parece que fue ayer.
Recuerdo que llegué a casa, que no te vi y supe que ya no ibas a estar nunca más.
Nunca va haber otra leona como tú, nunca.

Te echo de menos

Emocional pain.


Tú lo sabías mejor incluso que yo, pero eras despiadado, tenías que serlo porque ninguna persona realmente enamorada sería capaz de clavar las uñas en el pecho de otra persona, romperle la piel, sentir la sangre mientras partías las costillas que estorbaban y arrancarle el corazón. Tú sonrisa despiadada cuando te relamías (porque lo repetiré las veces que haga falta, despiadado), la sangre cayendo de tu mano, manando de mi corazón. Habría jurado que tenías algún tipo de problema con infringir dolor, con la sensación de poder, de que eras algún tipo de ser superior al igual que tu has mencionado más de una vez mi gran problema por ser tan gráfica cuando decido expresar mi dolor emocional.
Pero yo no lo hago, te considero completamente humano, despiadado pero humano, como yo, como mi dolor. Y si alguna vez vuelves, que sea con guantes y lejía, porque mi sangre sigue en la alfombra, emocional o no, la culpa es tuya.