No es más enfermo el demente, si no el enamorado.



La enfermedad se adquiere en mi piel cada vez que sus dedos rozan mi cuerpo. Y es que estamos dementes,  y mis brazos necesitan una camisa de fuerza si alguien intenta detener el tacto.
Necesito una sobredosis de pastillas con sabor a su saliva, cantidades industriales del suero de su sexo y algún que otro azote dominante.

3 comentarios:

  1. Holaa :)
    Paso para decirte que en mi blog estamos de sorteo, se sortea un ejemplar de ¡HERMOSO FINAL!, es a nivel nacional (ESPAÑA).. Pásate, lee las bases y anímate a concursar ;)

    http://lecturassaludcm.blogspot.com.es/2013/04/sorteo-100-seguidores.html

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¿Otro sueño efímero?
Un placer leerlo.